Homero. Ilíada, libro I. Trad., prólogo y notas de Emilio Crespo. Gredos, 1996.
Biblioteca clásica Gredos 150.
Cortázar, Julio. Instrucciones para dar cuerda al reloj, en Cortázar, Julio, Historia de cornopios y de famas.
Barcelona, Edhasa, 1990
porque al sacerdote Crises
había deshonrado el Atrida.
Allá en el fondo está la muerte,
pero no tenga miedo.
Ahora se abre otro plazo
“¡Oh Atridas y demás aqueos, de buenas grebas!
Que los dioses, dueños de las olímpicas moradas,
os concedan saquear la ciudad de Príamoy regresar bien a casa;
pero a mi hija,
por favor,
liberádmela
y aceptad el rescate
por piedad del flechador
hijo de Zeus,
de Apolo.”
Pues aquél llegó a las veloces naves de los aqueos cargado de inmensos rescates para liberar a su hija,
llevando en sus manos las ínfulas
flechador Apolo en lo alto del áureo cetro, y suplicaba a todos los aqueos, pero sobre todo a los dos Atridas, ordenadores de huestes:
Entonces todos los demás aqueos aprobaron unánimes respetar al sacerdote y aceptar el espléndido rescate,
pero no le plugo en su ánimo al Atrida Agamenón, que lo alejó de mala manera y le dictó un riguroso mandato:
"- Viejo, que no te encuentre yo junto a las cóncavas naves,
bien porque ahora te demores
o porque vuelvas más tarde,
no sea que no te socorran el cetro ni las ínfulas del dios".
La cólera canta,
oh diosa, del Pelida
Aquiles
Los árboles despliegan sus hojas,
las barcas corren regatas,
el tiempo del reloj como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan
el aire,
las brisas de la tierra,
la sombra de una mujer,
el perfume del pan.
La cólera canta,
oh diosa, del Pelida Aquiles.
Maldita, que causó a los aqueos incontables dolores,
precipitó al Hades muchas valientes vidas de héroes
y a ellos mismos los hizo presa para los perros.
¿Qué más quiere, qué más quiere?
No la pienso soltar;
antes le va a sobrevenir la vejez en mi casa, en Argos,
lejos de la patria, aplicándose al telar, al reloj y compartiendo mi lecho.
Allá en el fondo está la muerte,
va corroyendo las venas del reloj,
pero no tenga miedo.
El miedo herrumbra las áncoras,
Mas vete, no me provoques.
Deje latir el tiempo
Átelo pronto a su muñeca
Imítelo anhelante
Cada cosa que pudo alcanzarse en libertad
fue olvidada
Mas vete, no me provoques
y así podrás regresar sano y salvo.
gangrenando la fría sangre de sus pequeños rubíes.
Así habló,
y el anciano sintió miedo y acató sus palabras.
Ahora se abre otro plazo
El hijo de Leto y de Zeus
Pues, irritado contra el rey,
una maligna peste suscitó en el ejército,
y perecían las huestes.
Y allá en el fondo está la llave de la muerte
si no corremos
y llegamos antes
y comprendemos que ya no importa.
Tome de la cuerda
remóntela suavemente.
